Descripción
“…Así es que la única opción viable para quitar de circulación al culpable era conseguir que confesase, y tenía que ser en Madrid, allí tenía que montar una de esas reuniones decisivas, en la que el/la/los/las culpable/s tenía/n que terminar de rodillas y pidiendo perdón en público a base de manipularles las neuronas con sutileza y, si era posible, con estilo.
¿Cómo se montan estas reuniones?
-Oye escritor, despabila. ¿Cómo se monta una reunión así?
-Eso es tu trabajo, yo no sabría.
-No digas tonterías. ¿Pues para qué estás?
-Tú resuelves el caso, yo lo hago legible.
-Vale, has quedado muy bien pero… ¡al menos dame una pista!
-Se me viene a la cabeza la escena final de ‘Asesinato en el Orient Express’, podías empezar por repasártela.
-Bien, algo es algo. Gracias. Oye, apuntas alto ¿eh?
Una reunión de varias personas, la mayoría implicadas en negocios como mínimo un poco turbios, dos que están engañando a la hija de otro de sus socios, alguno tan hambriento que es capaz de robarle las limosnas a un mendigo, otro que cambia de bando con la naturalidad con que otros cambian de cola en el supermercado.
Y de ahí había que sacar a relucir La Verdad….”
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