Descripción
MASONERÍA, CORTES DE CÁDIZ Y OTROS MITOS EN ESPAÑA Y SU HISTORIA (2ª Edición)
Fernando Álvarez Balbuena
ÍNDICE
PRÓLOGO, por Juan Manuel Martínez Valdueza, 9
CAPITULO I. REFLEXIONES SOBRE LA “BREVÍSIMA RELACIÓN DE LA DESTRUCCIÓN DE LAS INDIAS” DEL PADRE BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, 13
Introducción, 15 – Descubrimiento y Conquista, 18 – El padre Bartolomé de las Casas, 22 – Evaluación de la Conquista de América, 25 – Epílogo, 33 – Bibliografía, 34.
CAPITULO II. LA MASONERÍA, 35
Consideraciones generales, 37 – Breve repaso a la Historia, 44 – Credo y Estilo Masónico, 45 – La Masonería en España, 54 – Organizaciones afines a la Masonería, 63 – Bibliografía y fuentes, 66.
CAPITULO III. LAS CORTES DE CÁDIZ Y LA CONSTITUCIÓN DE 1812, 69
Consideraciones previas, 71 – Las Cortes de Cádiz, 75 – Antecedentes históricos y promulgación de la Constitución de 1812, 85 – Primera abolición de la Constitución de 1812, 91 – Otras consideraciones, 94 – Apéndice, 99 – Bibliografía y fuentes, 100.
CAPITULO IV. LA EMIGRACIÓN ESPAÑOLA A AMÉRICA. PERSPECTIVAS ASTURIANAS. (1492: la primera emigración; 1.898: la segunda conquista.), 103
CAPITULO V. REFLEXIONES SOBRE LA PRIMERA REVOLUCIÓN LIBERAL-DEMOCRÁTICA ESPAÑOLA (1868), 119
Introducción, 121 – Antecedentes remotos, 141 – Perspectivas revolucionarias, 162 – Bibliografía y fuentes, 189.
CAPITULO VI. LOS INTERNACIONALISTAS EN ESPAÑA, DURANTE LA GLORIOSA REVOLUCIÓN DE SEPTIEMBRE DE 1868, 193
Algunos antecedentes, 197 – Llegada a España de los primeros propagandistas, 201 – Las decepciones de la siguiente generación, 212 – Bibliografía y fuentes, 217.
CAPITULO VII. FEDERALISMO Y REPUBLICANISMO, 219
Bibliografía y fuentes, 235.
CAPITULO VIII. LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE ENTRESIGLOS A TRAVES DE LA OBRA LITERARIA DE ARMANDO PALACIO VALDÉS, 237
Primera parte: Estratificación social de la época, 239 – Segunda parte: La idea del socialismo en el pensamiento político de Palacio Valdés, 258 – Bibliografía y fuentes, 271.
CAPITULO IX. CONSIDERACIONES SOBRE LA BIOGRAFÍA COMO GÉNERO HISTORIOGRÁFICO, 273
Apéndice, 286.
CAPITULO X. IGUALDAD LEGAL Y DESIGUALDAD REAL (Reflexiones en torno al artículo 14 de la Constitución Española), 287
Bibliografía, 303.
CAPITULO XI. LA GLOBALIZACIÓN DE LA ECONOMÍA Y SU INFLUENCIA EN EL SISTEMA DEMOCRÁTICO, 305
I, 307 – II, 311 – III, 325 – Bibliografía y fuentes, 336.
CAPITULO XII. FACTORES POLÍTICOS Y SOCIOLÓGICOS EN LA INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA, 339
Conclusiones, 353 – Apéndice, 354.
ÍNDICE ONOMÁSTICO, 355
PRÓLOGO, por Juan M. Martínez Valdueza [1]
Existe efectivamente una mitología española que abarca toda su historia. La Historia de España así contemplada pudiera parecer, entonces, un conjunto de mitos y leyendas que han viajado a través del tiempo de la mano de juglares cantarines, de susurros al calor del fuego en filandones salpicados por sus pueblos y aldeas, de cronistas sabedores perennes de lo suyo y, más modernamente, de juveniles investigadores al dictado de sus mentores.
Me dirán que por qué incluyo a los últimos de esa fila en este exordio y a ello voy. Con independencia de las modas o tendencias historiográficas que han condicionado el oficio de historiar a lo largo de los dos últimos siglos, tan dispares y dependientes del soplo ideológico que les dio la vida, pocos historiadores han sido capaces de desprenderse de las cargas que heredaron de sus maestros, tan pesadas y tan llenas de máculas.
Así, en según qué épocas y circunstancias políticas, mitos magníficos o su negación, han configurado la verdad histórica, que a fin de cuentas es la que vale porque más allá siempre está el ostracismo, entendido éste en su sentido más literal. Aunque a veces, la coincidencia temporal de venerables maestros reconocidos por razones de edad, peso u oportunidad, y siempre de forma excepcional, ha dado lugar a magníficas controversias, cual es el caso, por ejemplo, de Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz y sus contrapuestas visiones de lo que es y significa España. Como excepción, el seguidismo a sus concepciones, y dada la afinidad ideológica de los dos maestros, no ha significado la excomunión de sus enfrentados seguidores. Pero no es casual, no crean ustedes. Esa afinidad citada tiene mucho que ver en ese milagro.
Es quizá ahora, antes de interesarles a ustedes por el contenido de este libro y por su autor, el momento de una breve reflexión sobre el cómo se hace la Historia escrita, que no la vivida por los pueblos de este mundo. Y tan breve ha de ser que cabe en este párrafo, dándoles cuenta de que progresivamente en los siglos diecinueve y veinte algunos cerebros preclaros descubren que es necesario abandonar la crónica histórica, vigente desde los tiempos de la antigua Grecia, para pasar a un nuevo concepto, por el cual la Historia de verdad será la resultante de la metodología aplicada en cada caso a propuesta de los citados preclaros y al servicio de la investigación histórica. Como punto de partida no está nada mal, no teniendo igual fortuna el de llegada. En esta cuestión, como en tantas otras, los franceses se llevan la palma, expertos como nadie en despertar admiración y crear escuela en el arte de vender aire. Lamentablemente, al institucionalizar la interpretación de los hechos acordes con sus circunstancias sociales, económicas, geográficas y todas las demás que a ustedes se les ocurran, la consecuencia inmediata es la ideologización de la Historia escrita, que además, como ya he indicado, se convierte en la de verdad, siendo esa verdad, lógicamente, la de cada cual, lejos casi siempre de la verdad real, a la que debería ser obligatorio, como obligación y prurito intelectual, tender. Pero de momento no hay solución. Los profesionales de la Historia, los que mandan y marcan tendencias llevan muchas décadas dándole vueltas al asunto, experimentando nuevas fórmulas cuya consecuencia directa es que los escolares franceses de hoy ignoran en qué año les cayó encima la Revolución y los españoles la Guerra de la Independencia. Valga como resumen de lo expuesto la perplejidad de estos mismos profesionales ante tamaño desajuste, en boca del historiador italiano Carlo Ginzburg y que recoge Isidro Sepúlveda en su estudio sobre las tendencias historiográficas en el siglo XX, al tener que elegir entre adoptar un estándar científico débil para poder alcanzar resultados significativos, o adoptar un estándar científico riguroso para alcanzar resultados sin importancia. En ésas andan.
Fernando Álvarez Balbuena sí es uno de esos pocos historiadores que ha sabido desprenderse de las pesadas cargas aludidas al principio –quizá nunca las tuvo y eso, quizá también, porque llega a la Historia desde otras disciplinas–, sin que por ello renuncie como instrumento para su trabajo a la metodología de la Escuela de Annales, que adopta, con matices que podrán comprobar a lo largo de la lectura de este libro. En sus propias palabras: He procurado siempre atenerme no solamente a los antecedentes históricos comprobados, sino que siguiendo el método de la Escuela de Annales, he considerado que todas las ciencias empíricas deben de ser entendidas y asumidas como auxiliares de la Historia y, por ello, muchas veces la inferencia, la psicología y, en suma, el sentido común, cuando algunos asuntos muestran una flagrante contradicción con lo tradicionalmente establecido, he procurado documentar y afianzar todos los asertos vertidos en el libro para lograr una visión más justa y más realista de los hechos históricos contemplados.
Resulta evidente que, tras ese planteamiento, el resultado de su trabajo tiene que ser necesariamente polémico, y lo es. Poner coto a interpretaciones comúnmente aceptadas de asuntos lejanos y menos lejanos como la figura del Padre Bartolomé de las Casas o la Constitución de 1812, la Gloriosa Revolución de 1868 o la Masonería y la emancipación de América, por no hablar de la igualdad en la Constitución de 1978 o la cuestión de la globalización en nuestro tiempo es, indudablemente, todo un reto en la España actual y además con la que, desde hace muchos años, está cayendo.
Debo reconocer que he disfrutado enormemente con la lectura de estos doce ensayos, que responden a la intención del autor de ofrecer al lector una visión sencilla y objetiva de temas históricos, políticos y sociales que reiteradamente nos han sido transmitidos de forma sesgada y, muchas veces, interesadamente falseada, casi siempre desde la total identificación con sus criterios, en contadas ocasiones desde la manifiesta discrepancia, y que les recomiendo sin ninguna duda. Al sentido común el autor añade una extraordinaria capacidad didáctica, que hace inteligible lo que dice, aclarando a veces conceptos que nos han mareado durante mucho tiempo y mantenido en la duda permanente. No en vano Álvarez Balbuena hace hincapié en que …desde la Escuela Primaria hasta las aulas de la Universidad, son tantos los estereotipos que han venido conformando la transmisión histórica, que se aceptan como verdades incontrovertibles mixtificaciones, exageraciones y auténticas falsedades que con el paso del tiempo van componiendo una conciencia colectiva de incontestable convencimiento social… no es solamente la tradicional conformidad con los errores que nos vienen transmitidos por nuestros antepasados, sino que el Estado, que hace de la enseñanza de la Historia un instrumento de dominación indirecta de mentes y conciencias, preconiza siempre su estudio de manera que justifique su signo ideológico y su modo de hacer político…
De sus anteriores palabras, el lector, desde su propia posición ideológica puede pensar que este libro dará sostén una vez más a los pilares históricos que la sostienen, y nada más lejos de la realidad. Los mitos y fuertes construcciones históricas generados por el aleccionamiento imperial de las décadas de posguerra, el equívoco patriotismo de una rancia derecha de siglos o la interesada visión de una izquierda igualmente rancia en nuestros días, son elementos a batir con el estudio profundo y el sentido común que Álvarez Balbuena no escatima, saliendo todos ellos igualmente malparados.
Hay, sin embargo, en el análisis del autor un deje de amargura que emerge de su general y ponderado optimismo a lo largo de toda la obra. Yo lo interpreto como nostalgia por las ocasiones perdidas. Son tantas éstas a lo largo de los dos últimos siglos de nuestra historia que supongo le resulta difícil no añorar otros resultados, que han estado tan cerca: al alcance de la mano. Hombre ilustrado y liberal que ve con pena cómo ocasiones tal que la Revolución de 1868, verdadero intento renovador exento de las connotaciones disgregadoras y de enfrentamiento de clases, termina sin pena ni gloria por la patológica lucha interna de la clase política, entre otras razones, abocando de nuevo a España al vacío.
Repasando el índice, verán ustedes que Fernando Álvarez Balbuena no elude abordar asuntos de la más vibrante actualidad, sea porque nos encontramos en el bicentenario de hechos tan trascendentales como la Guerra de la Independencia, la promulgación de la Constitución de 1812 y la emancipación de la América española, sea porque la Igualdad como doctrina y la Globalización económica protagonizan lo que llevamos de siglo XXI, tan distinto de los anteriores, pero al mismo tiempo tan igual. No pierdan de vista el guiño que hace a su tierra asturiana con los trabajos sobre la emigración y don Armando Palacio Valdés, y sobre todo disfruten –aunque algunos sufran– con su magnífico discurso –y último ensayo del libro– sobre los factores políticos y sociológicos en la independencia de la América española.
Juan M. Martínez Valdueza
[1] JUAN M. MARTÍNEZ VALDUEZA. Ingeniero de Sistemas, escritor y editor. Autor, entre otros ensayos, de Las elecciones generales de 1936 en León y su provincia, Rafael Salazar Alonso: el hombre y su destino y Vida, muerte y resurrección del yate Vita. Editor de Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (5 vols.), de José María Queipo de Llano y Ruiz de Saravia, Conde de Toreno.
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